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domingo, 24 de noviembre de 2019

NO MIRES AL GIGANTE



Los filisteos juntaron sus ejércitos para la guerra, también el Rey Saúl y los hombres de Israel se juntaron (1º de Samuel 17). Dos ejércitos frente a frente, listos para la batalla, pero en ese momento salió desde el campamento de los filisteos, su mejor luchador, llamado Goliat que medía casi 3 metros, casco y malla de bronce de 57 kilos, protectores entre las piernas y solo la punta de su lanza pesaba casi 7 kilos. No solo su físico y su armadura impresionan, también su actitud desafiante, segura de sus fuerzas, el versículo 8 dice que Goliat se paró y gritó burlándose de los israelitas, desafiando a pelear a cualquier hombre del ejército de Israel.
Durante 40 días salió Goliat desafió al Ejército de los Israelitas (versículo 16) por la mañana y por la tarde, y cuando Saúl y los israelitas lo escucharon, quedaron aterrados y profundamente turbados (versículo 11), no huyeron pero quedaron dentro del campamento sin hacer nada. Me imagino la situación y me surge la pregunta ¿Qué hacían los soldados esos días?, ¿qué esperaban?, ¿qué pensaban? Seguían perteneciendo el ejército del pueblo de Israel, tal vez sentir esa pertenencia era suficiente para seguir en el lugar, pero no hacían nada.
La descripción de Goliat y su armadura denota poder, tal vez eso amedrentaba al ejército de Israel, muchas veces la Institución Policial se nos presenta como un Goliat, grande, poderoso, intimidante, de difícil acceso y mirando al gigante nos quedamos como el ejército de Israel, esperando en el campamento, esperando el momento en que el peligro cese, para pelear una batalla menos riesgosa o en otro lugar. Mirando al gigante nos quedaremos paralizados, turbados o con gran miedo como cuando Saúl y el ejército de Israel miraban a Goliat.
Pero apareció David, un pastor que había ido a llevar comida para sus hermanos que eran soldados, cuando escuchó a Goliat, tuvo una actitud diferente. Dijo: “¿quién se cree este filisteo pagano que se atreve a desafiar al ejército del Dios viviente? (versículo  26) y se ofreció ante el Rey para pelear con Goliat (v. 32). El Rey le dijo “no podrás” (v.33).
¿Qué impulso a David a tomar esa decisión que en apariencia no tenía ninguna oportunidad de éxito?, No era confianza en si mismo, sino en Dios. “El Señor que me libró de las garras del león y del oso, también me librará del poder de ese filisteo” (v.36),” Yo vengo en el nombre del Señor Todopoderoso, el Dios de los Ejércitos de Israel” (v.45)… “todo el mundo sabrá que hay un Dios que salva sin necesidad de espada ni lanza” (v,47)
Todos saben el final de la historia, David venció a Goliat solo usando una piedra. ¿cuál fue la diferencia? David no miró al gigante, él miro a DIOS, porque de Jehová es la batalla y Él entregó en manos de David al filisteo (v,47)
Por la naturaleza del trabajo, por su organización vertical, por el elitismo que todavía impera en la Policía (escalas jerárquicas), por las tentaciones, por las injusticias, por la incomprensión social, por los riesgos y por muchas otras cosas más, la Institución Policial se nos presenta como un Goliat, pero no debemos mirar al gigante como lo hacía el ejército de Israel, debemos mirar y confiar en Dios, como lo hizo David, porque de Él es la batalla y él entregará la victoria en nuestras manos.


lunes, 20 de febrero de 2017

CAMBIOS DE LUGAR DE SERVICIOS

Una de las características de la organización policial es la continua rotación del personal en distintos lugares de trabajo, en el lenguaje policial llamamos "destinos".
Cambiar de lugar de trabajo puede suponer una oportunidad de crecimiento profesional, pero la mayoría de las veces acarrea problemas porque es una situación inesperada, conlleva separación de la familia, afectos, de la rutina de vida que llevamos, separación de compañeros con quienes nos habíamos acostumbrado a convivir laboralmente. Muchas veces percibimos un traslado como algo negativo, que causa hasta angustia y tristeza, llegando a veces a la depresión.
El que tiene oportunidad, suele intentar mover influencias para evitar el traslado, como decimos en la policía "dejar sin efecto la disposición".
Para aquellos que han conocido a Dios, un cambio de destino ¿es una casualidad o hay un propósito de Dios?
Si leemos Génesis 37, vemos cuando José fue vendido como esclavo a los Ismaelitas por sus propios hermanos, concluyendo como esclavo en Egipto.
Si hubiese podido elegir, probablemente José no habría querido ser esclavo en Egipto, sin embargo, vemos en el versículo 5 del Capítulo 39 de Génesis, que a pesar del cautiverio José fue próspero porque "el Señor estaba con él", incluso bendijo a su amo. Después José cayó preso por una falsa acusación, aun allí, José fue prosperado porque el Señor estaba con él y comenzó su ascenso hasta llegar a ser gobernador.
Si nos dan a elegir, pocos escogeríamos ascender de la forma en que lo hizo José, pero Dios bendice a través de circunstancias que parecen adversas. Dios tenía un propósito al llevar a José a Egipto, también lo tiene al colocarnos en el lugar donde estamos.
Nuestro lugar de destino policial no es casualidad, hay un propósito de Dios.
Mateo 26:39 narra cuando Jesús ora en Getsemaní antes de ser arrestado, le dice a Dios Padre "no sea como yo quiero, sino como Tú". Debemos aprender a ver mas allá de nuestra comodidad, mas allá de nuestros temores, más allá de nuestros deseos y confiar que nuestros tiempos y circunstancias están en manos de Dios y hay un propósito en cada cambio de destino laboral, aunque a veces parezca un problema.

domingo, 17 de julio de 2016

COMO EL CIEGO BARTIMEO

Marcos 10:46-52
Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. Y oyendo que era Jesús Nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mi!
Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mi!
Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: ten confianza; levántate, te llama.
Él entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. Respondiendo Jesús, le dijo: ¿que quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista.
Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y enseguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.

Bartimeo pedía limosna, seguramente unas monedas le ayudaban a vivir el día, pero al día siguiente regresaba a pedir de nuevo, a esperar a que alguien se compadezca de él, que vida triste, sin mañana, sin seguridad. Y era ciego, vivía en la mas absoluta oscuridad
Yo fui como Bartimeo, y en la policía hay muchos Bartimeos. Vivimos el día a día como él, pidiendo limosna y tristes como mendigos, enfrascados en nuestra rutina de guardias, recargos y adicionales, en la oscuridad de enfrentar a diario la muerte, la violencia, la injusticia, en la desesperación e impotencia de no poder dar a la familia ni siquiera la compañía en sus días importantes, cumpleaños, egresos, navidades, fines de año, cuantos momentos ausentes.
Así, nos quedamos al costado del camino de la vida, suplicando que se acuerden de nosotros, hasta nos sentimos en algunas oportunidades piltrafas marginadas por el común de la gente que no sabe ni quiere reconocer nuestro esfuerzo.
Algunos policías ni siquiera con el retiro pueden levantarse del costado del camino de la vida, y terminan en depresión, sin poder librarse de su ceguera espiritual.
Cuando Bartimeo oyó que era Jesús el que pasaba, comenzó a gritar ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mi! y muchos le reprendían para que se calle. Te aseguro que Jesús pasa todos los días por nuestro camino y tenemos que imitar a Bartimeo y gritar con nuestro corazón, sin importar los muchos que quieran acallar la voz de tu necesidad de Cristo, mostrándote otros caminos de corrupción, vicios y otras cosas oscuras que vemos a diario en nuestra profesión.
Jesús, a pesar del ruido de la multitud, oyó  Bartimeo, se detuvo y lo mandó a llamar. Le dijeron "Ten confianza, levántate, te llama". Jesús siempre escucha nuestro clamor y siempre hay un mensajero que te llevará su palabra de vida eterna.
Bartimeo tiró su capa y fue a Jesús y el maestro le devolvió la vista por la fe de Bartimeo. Su capa era su abrigo, su almohada, su cama, su única pertenencia, pero Bartimeo la dejó y corrió hacia Jesús, abandonemos nuestra capa por fe como Bartimeo. ¿Que pensarán mis amigos y compañeros? ¿seré rechazado por ellos por mi decisión? ¿Se reirán de mi? A Bartimeo no le importó, que a nosotros tampoco nos importe. El premio es mucho mayor, el premio es eterno, es la salvación.
Y Bartimeo recobró la vista y siguió a Jesús. Una vida distinta, con otros propósitos y lejos de la oscuridad. Una vida llena de luz, nunca mas juntos al camino.
¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mi!
Yo fui como Bartimeo y el Señor me devolvió la vista y me dio vida eterna y un propósito hermoso para mi vida y la oscuridad de la Institución fue alumbrada por su luz que me acompañó por donde estuve. Y fue una hermosa experiencia.
Te invito a ser como Bartimeo, a dejar la oscuridad y la tristeza de tener que mendigar, a caminar con Jesús. 
Dios te bendiga hermano Policía. 

martes, 5 de julio de 2016

LA TIERRA QUE DIOS NOS DIO.

Números 13

Cuando Dios llamó a Moisés (Éxodo 3), le prometió que los libraría de mano de los egipcios y los sacaría de aquella tierra a una buena y ancha. Cuando llegaron a la tierra que Dios les dio, Jehova habló nuevamente a Moisés indicándole que envíe a 12 espías, con instrucciones precisas:
1. Debían reconocer la tierra (Números 13:1)
2. Debían enviar a un príncipe de cada tribu (Números 13:1-2)
3. Observar como era la tierra y el pueblo que la habitaba (Num. 13:18)2
4. Observar como era el terreno, si era fértil o estéril (Num. 13:20)
Los enviados fueron y por 40 días realizaron la misión.

Un día de nuestra vida, Dios nos sacó de la esclavitud de Egipto, nos libró del pecado cuando aceptamos a nuestro Señor Jesucristo, nos mostró la tierra que debíamos conquistar: LA POLICÍA.
Cuando Jehová envió a los 12 espías a reconocer la tierra de Canaán no envió a cualquier persona, eligió a los príncipes de cada una de las 12 tribus de Israel, hoy te envía a ti, fuiste escogido como los príncipes del relato y te dio la misión de reconocer el lugar donde te puso, observar las personas que allí trabajan, observar el terreno.

Volvamos a los 12 espías, ellos constataron lo que Dios les había dicho sobre esa tierra, constataron que estaba habitada por otros pueblos.
Diez espías dijeron "No podremos subir contra aquel pueblo, porque es mas fuerte que nosotros" (Num. 13:31), "es tierra que traga a sus moradores",  "son hombres de grande estatura" (Num.13:32), "También vimos gigantes y éramos nosotros, a nuestro parecer como langostas" (Num.13:33)
Esos enviados dudaron de las promesas de Dios, se olvidaron de los milagros que Dios había hecho cuando los sacó de Egipto, fueron pesimistas, tuvieron miedo, se sintieron inferiores.

Cuando llegamos a la Institución Policial, la tierra que Dios nos dio para conquistar, nos encontramos con gigantes, encontramos un mundo extraño, a veces oscuro, otras violento, a menudo corrupto, lleno de traición, egoísmo. Algunos cristianos se asustan y se sienten como langostas al lado de esos gigantes. Con temor buscan una oficina tranquila para "no contaminarse", otros piden retiro anticipado para dedicarse a la obra de Dios en la iglesia porque ven incompatible la función de policía con su condición de cristiano, otros se mimetizan para no parecer cristianos por temor a la burla.

Volvamos a los 12 espías, uno de ellos, de nombre Caleb dijo "Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque mas podremos nosotros que ellos" (Num 13:30) y el otro enviado de nombre Josué decía al pueblo "no temáis al pueblo de esta tierra, porque nosotros los comeremos como pan".
Cuanta fe, cuanta confianza en Dios, cuanta dependencia de Dios, cuanta obediencia. Caleb y Josué dominaron el temor, ellos creyeron que la victoria con Dios de su lado estaba garantizada.
Imitemos a Caleb y Josué, llevemos la luz de Cristo en nuestra conducta allí donde hay oscuridad, llevemos manos limpias y corazón puro donde veamos corrupción, llevemos amor y solidaridad donde veamos egoísmo.
Conquistemos la tierra que Dios nos dio con entrega, sacrificio, responsabilidad, solidaridad, compromiso, honestidad en cada día de labor, en cada procedimiento, en cada recargo, en cada servicio. 
Dios está con nosotros, la victoria está asegurada. 

jueves, 23 de junio de 2016

LA SABIDURÍA

El policía enfrenta a diario situaciones complejas, muchas veces violentas y bajo presión debe tomar decisiones inmediatas que afectan derechos y la integridad física de las personas involucradas. El policía tiene escaso margen de error en su función.
Para resolver esas situaciones, el policía necesita sabiduría. Una de las acepciones de la palabra es "facultad de las personas para actuar con sensatez, prudencia y acierto". La Biblia menciona 2 tipos de sabiduría: la humana y la que viene de Dios.
He visto a muchos policías usar la sabiduría humana, ante una situación que debe resolver, aparece el policía astuto, hábil, listo, que resuelve el problema como para salir del paso, en la jerga policial se le dice "sacar de taquito" la situación. Siempre es una solución precaria que busca sacarse la situación de encima y no resolverle el problema a la persona que se acercó al policía en busca de una solución.
Pero la sabiduría no es algo que se consigue con la simple acumulación de conocimiento, la sabiduría que obtiene resultados correctos ante una situación conflictiva, es la que viene de Dios.

La carta de Santiago 3:17 dice: "Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacifica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía"

Es pura por que esta exenta de motivaciones ocultas o egoístas, libre de engaño, no está contaminada de segundas intenciones. Pacífica porque trabaja activamente para superar el conflicto, amable porque si bien aplica una ley para restablecer el orden, sabe mantener el equilibrio entre la justicia y la misericordia. La sabiduría de lo alto es benigna porque no es rígida ni insensible, está dispuesta a escuchar y contemplar la situación para buscar la mejor solución, llena de misericordia porque se manifiesta en una ayuda práctica, no es hipócrita porque no se disfraza para ocultar la verdadera realidad y sin incertidumbres porque da seguridad en lo que se está haciendo, se piensa, se elige un curso de acción y se lo mantiene.
La sabiduría de lo alto es la que busca satisfacer plenamente la demanda del ciudadano que se acerca al policía en busca de ayuda y es la que genera lazos fuertes con sus compañeros de fuerza para formar un equipo que trabaja cada día buscando el bienestar de la sociedad.
Dice Proverbios 2:6 "Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia"

Busquemos la sabiduría de lo alto, porque es la nos va a satisfacer plenamente y llevará solución a nuestro prójimo.

sábado, 21 de abril de 2012

ESFORZADOS Y VALIENTES

"Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en donde quiera que vayas" (Josué 1:9)

Cuando murió Moisés, Jehová habló a Josué y le encomendó que conduzca al pueblo de Israel a la tierra prometida. Dios le indica con claridad a Josué cual iba a ser su misión y le promete "nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo, no te dejaré ni te desampararé" (versículo 5). Dios le promete la victoria sobre todos los obstáculos en esa difícil misión que le encomendaba, que hermosa promesa, que está vigente para nosotros en nuestras vidas. Dios solo le manda a Josué "que se esfuerce y que que sea valiente". Nosotros, los policías, conocemos perfectamente el concepto de "mandar", "orden", "obedecer". Para poder obedecer la orden de Dios, primero debemos reconocerlo como nuestro Señor. El esfuerzo y la valentía para enfrentar la situación, deben ser el fruto de la obediencia a Dios, en la confianza en su palabra. Los policías tenemos una tendencia en confiar en nuestras propias fuerzas, en nuestra preparación, nuestro "olfato" de policía.
El trabajo del policía es esforzado, incomprendido, riesgoso, no tiene horarios, exige una entrega total, cada día enfrenta situaciones de angustia, violencia, y no tiene margen de error. Para cumplir esa misión, al igual que Josué, debemos aceptar a Dios como nuestro Comandante, tenemos que ser esforzados y valientes. No solo hablo del esfuerzo físico para soportar largas jornadas de trabajo, enfrentar luchas físicas, sino también del esfuerzo de hacer siempre lo correcto, de defender siempre la verdad y la valentía de reconocer nuestras limitaciones y enfrentar todas las situaciones con la confianza de que el mismo Dios que le dio la victoria a Josué, nos la dará también a nosotros.
No temer ni desmayar en ninguna situación por compleja que parezca, mantener la calma y el equilibrio emocional es facil cuando sabemos que nadie nos puede hacer frente porque Dios, asi como estuvo con Moisés y con Josué, está con nosotros, no nos deja ni nos desampara. Si el Comandante de nuestra vida es Dios, la victoria está asegurada.

miércoles, 29 de octubre de 2008

EL POLICÍA, UN PACIFICADOR.

"Bienaventurados los pacificadores, por que ellos serán llamados hijos de Dios" (Mateo 5:9)

Etimológicamente, un pacificador es quien "hace la paz" o "que promueve la paz". No debemos confundir, una persona pacífica, tranquila, que elude los conflictos, no es un pacificador. Un pacificador no tiene una actitud pasiva ni contemplativa, sino que trabaja activamente para vencer las discordias y procurar la paz en su entorno.
Le Ley Orgánica Policial establece que la misión del policía es obtener y mantener la paz social, es decir que el policía debe ser un pacificador en la sociedad donde presta sus servicios.
Para llevar paz en los conflictos sociales en los cuales intervenimos, no basta el uso de la fuerza pública para reestablecer el orden, la ausencia de conflicto no es la paz, entonces para llevar paz, debemos tenerla primero nosotros. Este tipo de paz activa es atribuida solamente a Dios, quien reconcilió todas las cosas por medio de Jesucristo: "Y por medio de Él reconciliar todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo, la paz mediante la sangre de su cruz (Colosenses 1:20)"
La paz de Dios sobrepasa todo entendimiento y guarda nuestros corazones y pensamientos (Filipenses 4:7) y es ésta la que nos convierte en pacificadores, condición necesaria para poder ser sujetos activos que trabajan para establecer la paz social.
Los pacificadores tienen una recompensa muy especial, serán llamados "hijos de Dios", porque Dios es el "Dios de paz".

La paz es un don de Dios, está disponible para todos los corazones que lo acepten y es una herramienta indispensable para el policía que diariamente se encuentra en medio de los conflictos personales y sociales, con la indelegable misión de obtener y mantener la paz social.
Si Dios planeó que tuviéramos paz con Él ¿Porque no disfrutar de esta experiencia? Busca a Dios y encontrarás paz, si tienes paz puedes ser un pacificador.