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domingo, 17 de julio de 2016

COMO EL CIEGO BARTIMEO

Marcos 10:46-52
Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. Y oyendo que era Jesús Nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mi!
Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mi!
Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: ten confianza; levántate, te llama.
Él entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. Respondiendo Jesús, le dijo: ¿que quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista.
Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y enseguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.

Bartimeo pedía limosna, seguramente unas monedas le ayudaban a vivir el día, pero al día siguiente regresaba a pedir de nuevo, a esperar a que alguien se compadezca de él, que vida triste, sin mañana, sin seguridad. Y era ciego, vivía en la mas absoluta oscuridad
Yo fui como Bartimeo, y en la policía hay muchos Bartimeos. Vivimos el día a día como él, pidiendo limosna y tristes como mendigos, enfrascados en nuestra rutina de guardias, recargos y adicionales, en la oscuridad de enfrentar a diario la muerte, la violencia, la injusticia, en la desesperación e impotencia de no poder dar a la familia ni siquiera la compañía en sus días importantes, cumpleaños, egresos, navidades, fines de año, cuantos momentos ausentes.
Así, nos quedamos al costado del camino de la vida, suplicando que se acuerden de nosotros, hasta nos sentimos en algunas oportunidades piltrafas marginadas por el común de la gente que no sabe ni quiere reconocer nuestro esfuerzo.
Algunos policías ni siquiera con el retiro pueden levantarse del costado del camino de la vida, y terminan en depresión, sin poder librarse de su ceguera espiritual.
Cuando Bartimeo oyó que era Jesús el que pasaba, comenzó a gritar ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mi! y muchos le reprendían para que se calle. Te aseguro que Jesús pasa todos los días por nuestro camino y tenemos que imitar a Bartimeo y gritar con nuestro corazón, sin importar los muchos que quieran acallar la voz de tu necesidad de Cristo, mostrándote otros caminos de corrupción, vicios y otras cosas oscuras que vemos a diario en nuestra profesión.
Jesús, a pesar del ruido de la multitud, oyó  Bartimeo, se detuvo y lo mandó a llamar. Le dijeron "Ten confianza, levántate, te llama". Jesús siempre escucha nuestro clamor y siempre hay un mensajero que te llevará su palabra de vida eterna.
Bartimeo tiró su capa y fue a Jesús y el maestro le devolvió la vista por la fe de Bartimeo. Su capa era su abrigo, su almohada, su cama, su única pertenencia, pero Bartimeo la dejó y corrió hacia Jesús, abandonemos nuestra capa por fe como Bartimeo. ¿Que pensarán mis amigos y compañeros? ¿seré rechazado por ellos por mi decisión? ¿Se reirán de mi? A Bartimeo no le importó, que a nosotros tampoco nos importe. El premio es mucho mayor, el premio es eterno, es la salvación.
Y Bartimeo recobró la vista y siguió a Jesús. Una vida distinta, con otros propósitos y lejos de la oscuridad. Una vida llena de luz, nunca mas juntos al camino.
¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mi!
Yo fui como Bartimeo y el Señor me devolvió la vista y me dio vida eterna y un propósito hermoso para mi vida y la oscuridad de la Institución fue alumbrada por su luz que me acompañó por donde estuve. Y fue una hermosa experiencia.
Te invito a ser como Bartimeo, a dejar la oscuridad y la tristeza de tener que mendigar, a caminar con Jesús. 
Dios te bendiga hermano Policía.